domingo, 15 de julio de 2012

La bohemia romántica: José Arnaldo Márquez


En esta ocasión presentamos la transcripción de un poema titulado La miseria. El autor es José Arnaldo Márquez (1832-1909), poeta de la generación romántica del XIX peruano. El poema apareció en ''El Talismán'', un periódico semanal dirigido a las mujeres peruanas, e increíblemente el autor contaba con tan sólo 14 años de edad. Esperamos que sea del agrado de ustedes, nuestros amables lectores. 

LA MISERIA
A mi madre

La miseria ¿no es cierto madre mía
Que esta palabra es tenebrosa y triste,
Que destierra del alma la alegría
Y con las sombras del dolor la viste?

La miseria ¡ay de mí! Su nombre espanta
Y todos al oírle se estremecen,
Nunca el poeta en su dolor la canta,
Que al contemplarla sus angustias crecen.

¿No has visto, madre mía, en el Océano
Y en medio del furor de la tormenta
Al náufrago infeliz luchar en vano
Con una muerte prolongada y lenta?

¿Y no has visto a los hombres en la playa
Que abandonan a otro hombre en su agonía,
Sin que uno solo a libertarlo vaya
De los peligros de la mar bravía?

Tal, madre, es la miseria, tal la suerte
Del infeliz a quien su seno oculta;
Do quier le sigue la espantosa muerte,
Do quier un mar de penas lo sepulta.

Y no habrá alguno que salvarlo quiera
Tendiéndole una mano generosa,
Cual los hombres que están en la ribera
Dejan a otro hombre entre la mar furiosa.

El lucha con el hambre y con el frio,
Mira la lluvia penetrar su techo,
Y no halla paz en su rincón sombrío
Sobre las tablas de su tosco lecho.

Y tú, madre; ¿también ves retratada
La imagen de la muerte entre las sombras?
En esa noche lúgubre y helada
Al contemplar tu suerte; ¿no te asombras?

¿No te asombras de verte en la indigencia
En tu morada lóbrega y oscura,
De arrastrar miserable tu existencia,
Y de ver marchitada tu hermosura?

¿Do de tus ojos la radiante lumbre
Y tu mirada dulce y hechicera?
¿Dónde huyó la encantada muchedumbre
Que adoraba tu risa placentera?

Pasó un día, y veloces se alejaron
El placer y la dicha y la hermosura,
Y en cambio ¡oh desventura! Te quedaron
Largos días de duelo y amargura!

Mas yo, yo madre, acallaré tus penas;
Y tornaré en delicias tus pesares,
Tranquila pasaras horas serenas,
Y dormirás al son de mis cantares.

Y volverá tu plácida sonrisa,
Y el placer te dará bellos colores,
Como el aliento de la suave brisa
Torna a la vida las marchitas flores.

Sí, cantaré, madre mía,
Que me oirá el mundo amador,
Como en la selva sombría
Se escucha la melodía
De escondido ruiseñor.

Y en vez de amargos momentos
De tristeza y sinsabor;
Te daré con mis acentos
Delicias por tus tormentos,
Placeres por tu dolor.

Que es madre todo mi anhelo
Entonar dulce canción
Para mitigar tu duelo
Y aplacar con el consuelo
Tu afligido corazón.

Lima, octubre 1 de 1846.
José Arnaldo Márquez.

2 comentarios:

  1. Hola mi querido César, nos has traído un poema precioso, es muy sentido.
    Refleja una conversación entre madre y hijo, bueno mejor dicho, entre hijo y madre jeje tiene tantas preguntas, tantas observaciones que formular, tanto por comprender.
    El hijo se adentra en el mundo de los mayores y no alcanza a comprender al ser humano, a los actos que este realiza. Ni que pasara mil años entenderíamos a ser humano, todo él es un misterio.
    Me ha agradado leerte una vez más mi querido amigo. Cuídate mucho y espero que no tardes tanto en publicar. Estaré atenta jeje
    Besitos azules de felices días tengas, estos venideros y los de más allá, muasssssssssssss♥

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  2. Gracias por el comentario. Bueno esta entrada ha aparecido pensando en ti, ya que tú tienes un genial blog sobre poesía!! Quién más que tú puede realizar mejor interpretación de este vate peruano.

    Hasta muy pronto!! Que te vaya bien!

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