Luego de la desestimación española de fundar el nuevo Virreinato en la ciudad serrana de Jauja, los conquistadores decidieron instalarse en las costas peruanas, invadiendo los santuarios de Puruchuco y Pachacámac. Es así que el 18 de enero del año 1535 se fundó la ciudad de Lima con el nombre de Ciudad de los Reyes, colocando simbólicamente la primera piedra de la Catedral, levantada, además, por el propio Francisco Pizarro.Si bien es cierto que el 'desencuentro' de los dos mundos, el occidental y el andino, ya se había producido algunos pocos años atrás con la derrota de Atahualpa y la posterior conquista del Imperio incaico. Las tierras descubiertas para la fundación mostraban un paisaje natural distinto que el de la sierra; eran tierras cubiertas por frondosas lomas, con un clima bastante húmedo y sin grandes lluvias. Además de poseer tres valles: el Chillón, el Rímac y el Lurín.
Entre los términos que emplearon los españoles para describir lo que ofrecía el nuevo terreno tenemos: 'llano', para denominar indistintamente a toda la costa; 'comarca', para referirse a una determinada población natural; 'sitios de asiento', llamados así por ser lugares de descanso.
La presencia de grandes recursos naturales provocaron que Lima a fines del XVI fuera una ciudad muy abastecida. Vemos, pues, el crecimiento de sauces, alisos, molles; de plantas medicinales como la verdolaga, la chicoria y el apio. Y también, la presencia de venados, llamas, gallinazos, cernícalos, lagartijas, vizcachas, pumas, iguanas, sapos, entre otros.
Las tierras eran muy fértiles para el crecimiento de trigo, cebada y maíz, cultivadas mayormente por la población natural, asentada por siglos en la costa. Sin embargo, los españoles también se dedicaron al cultivo, teniendo muchas de las casas y los conventos pequeñas huertas. Es así que la vista de la ciudad en un principio estuvo rodeada de muchos cultivos.
A pesar de que observamos que en Lima, los primeros años fueron de mucha producción, nunca faltaron los problemas de administración, provocando que en ocasiones escaseara increíblemente el alimento. Para este efecto el Cabildo de Lima tuvo que declarar constantemente ordenanzas. Así, pues, en el mismo año de la fundación se estipula la siguiente ordenanza:
Toda persona tiene la obligación de sembrar quinientos árboles en el término de seis meses, so pena de multa (10 pesos de oro).
Toda persona tiene la obligación de sembrar quinientos árboles en el término de seis meses, so pena de multa (10 pesos de oro).
Lima, 1535.
Bibliografía empleada:
GUTIÉRREZ, Laura (ed.). Lima en el siglo XVI. Lima: PUCP, Instituto Riva Aguero, 2005.



